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“Hasta encontrarles”, la lucha de las madres buscadoras

Foto: AFP

Por Dulce García, Rodrigo Sánchez y Abril Mulato

Hace más de tres meses, la titular de  Secretaría de Gobernación, Luisa María Alcalde informó que hasta el 15 de marzo había un total de 99.729 registros de personas desaparecidas o no localizadas en México. La funcionaria explicó que hasta la fecha mencionada se habían registrado un total de 110.964 casos, con un incremento de 9.424 registros adicionales desde agosto de 2023.

A diferencia de otros países como Colombia, Argentina o Guatemala, en donde el número de desaparecidos está relacionado a dictaduras o guerras civiles que se vivieron hace décadas, en México la mayoría de sus desaparecidos son de época reciente y están ligados al crímen organizado y a los funcionarios públicos.

En su informe sobre las desapariciones en México, publicado en abril de 2022, el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas advertía sobre esta situación: “La delincuencia organizada se ha convertido en un perpetrador central de desapariciones, con diversas formas de connivencia y diversos grados de participación, aquiescencia u omisión de servidores públicos”, dice el documento.

De acuerdo con la Convención contra la Desaparición Forzada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la desaparición forzada es un arresto, secuestro, detención, o cualquier otra forma de privación de la libertad no reconocida y realizada por agentes del Estado, es decir, hecha por servidoras o servidores públicos, o bien, por personas o grupos que actúen con la autorización, el apoyo o la aprobación del Estado. 

Este delito se caracteriza por la negación de las autoridades a reconocer dicha privación de la libertad y por la ocultación de información sobre la suerte o el paradero de la persona desaparecida, evitando así que la víctima pueda ser protegida por las leyes.

Son las miles de personas desaparecidas en el país las que han propiciado la proliferación de diversos colectivos de madres buscadoras, como se conoce en el país a las mujeres que buscan a sus hijos e hijas desaparecidos. A ellas se han unido otros familiares que buscan a personas víctimas de desaparición forzada y que, ante la ineficacia del gobierno, luchan por conocer la verdad y hacer justicia.

En México, la búsqueda de personas es una tarea compleja y altamente peligrosa. De hecho, derivado de sus labores de búsqueda, numerosas madres y familiares han recibido amenazas de muerte y varias han sido asesinadas. 

La Plataforma por la Paz y la Justicia había registrado desde 2010 y hasta finales de febrero de este año el asesinato de más de 20 personas buscadoras, 15 de ellas durante este sexenio. Por su parte, la oficina en México del Alto Comisionado de la ONU agregó que de 2019 a la fecha, el organismo tiene documentados al menos nueve casos de mujeres asesinadas como posible represalía a la búsqueda.

Madres buscadoras en México contra la violencia y la revictimización del estado

De acuerdo con datos oficiales, en México cada mes desaparecen alrededor de 625 personas y muchas de ellas terminan asesinadas y enterradas en fosas clandestinas.

Según datos de la Comisión Nacional de Búsqueda, entre diciembre de 2018 y enero de 2023, se contabilizaron 2.710 fosas clandestinas con restos humanos por todo el país. Veracruz, Colima y Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Guanajuato y Jalisco son algunos de los estados en donde más desapariciones se han registrado en el último sexenio.

Esta situación de profunda violencia es la que ha obligado a ciudadanxs de pie, como a las madres buscadoras, a hacer lo que el gobierno no ha podido: encontrar a sus familiares cueste lo que cueste.

En agosto de 2023, una investigación de El Universal reveló que en México hay por lo menos 234 colectivos de madres buscadoras que tienen presencia en 26 de los 32 estados del país. 

Uniendo esperanzas, Mariposas buscando corazones y justicia, las Madres buscadoras de Sonora, Ángeles de pie por ti son algunos de ellos. También existen otros que surgieron en las décadas de 1960, 1970 y 1980,como  el Comité Eureka (Comité Pro-Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México), compuesto por familiares de víctimas de la “guerra sucia” del Estado mexicano contra militantes de movimientos políticos de izquierda.

Según datos del Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional, tan solo de 2019 a finales de 2022, las madres y familias buscadoras habían logrado encontrar a 1.230 personas sin vida en fosas clandestinas y habían localizado a 1.300 personas con vida en distintas partes del país.

La vida de las madres que piden la búsqueda digna y la presentación con vida de sus seres queridos no es fácil, en realidad está llena de incertidumbre, de duelo y de revictimización, como lo señala ONU mujeres de México. Y es que mientras recorren grandes distancias para encontrar a sus hijxs, las autoridades obstaculizan sus esfuerzos, no garantizan su seguridad y mucho menos les dan herramientas. 

Los colectivos de madres buscadoras en México han denunciado repetidamente las amenazas y violencia que enfrentan al buscar a sus familiares desaparecidos, señalando negligencia y omisiones del Estado, que no busca activamente a los desaparecidos ni incluye a los colectivos en la toma de decisiones, como exige la Ley General en materia de Desaparición Forzada de Personas

En México las madres buscadoras piden piedad al crimen organizado 

La lucha, siempre contracorriente, de los colectivos de madres buscadoras no se limita solo a recorrer largas distancias en búsqueda de sus hijas e hijos desaparecidos. Ellas también salen a las calles a gritar. A exigir justicia por sus familiares y por ellas mismas, porque desafortunadamente también son víctimas de amenazas por parte de grupos del crimen organizado.

A principios de 2024, la líder de las madres buscadoras de Sonora, Ceci Flores, encabezó una manifestación en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México. En dicho monumento histórico Ceci colocó un mensaje: “Una manta sirve para mandar mensajes, yo las usaba para cubrir del frío a mis hijos. A los cárteles les pido piedad, no maten ni amenacen a las madres buscadoras. No nos detenemos porque buscamos la razón de nuestra vida”.

No es la primera vez que los colectivos de madres buscadoras solicitan un acuerdo de paz. En mayo de 2023 Delia Quiroga del Colectivo Nacional de Víctimas 10 de Marzo también se dirigió al crimen organizado y pidió que cesaran los conflictos armados y la desaparición forzada de personas (de la que hemos estado hablando en los últimos días y que hace referencia a la intervención del Estado en el crimen).

Desafortunadamente el panorama no es alentador y, paradójicamente, solicitar piedad en un país como México muchas veces resulta contraproducente. En su último informe el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez señaló que desde 2010, al menos 21 madres han sido asesinadas solo por buscar a sus hijos. Entre los nombres se encuentran: Ana Luisa Garduño Juárez, Brenda Jazmín, Rosario Lilián Rodríguez Barraza, Esmeralda Gallardo, María Carmela Vázquez y Teresa Magueyal. 

De cualquier manera, aunque luchar cobre vidas, el trabajo de los colectivos no se detiene. Recientemente madres y familiares de personas desaparecidas se presentaron en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para solicitar garantías y protección. Esto devino en una audiencia pública celebrada en la sede de la CIDH en Washington, Estados Unidos. Sin embargo, ningún funcionario ni autoridad mexicana se presentó a la cita. Un reflejo de la falta de voluntad del Estado.

Las buscadoras han solicitado en diversas ocasiones ser reconocidas como defensoras de derechos humanos y contar con la protección necesaria para efectuar su búsqueda independiente. Ante el deficiente desempeño de las autoridades mexicanas, la intervención de organismos internacionales como la CIDH es fundamental para hacer resonar sus peticiones y garantizar que buscar a los suyos no les cueste la vida.

 ¿Por qué es importante destacar la labor de las madres buscadoras?

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, es el canto que representa la demanda de miles de familias mexicanas que exigen la búsqueda digna de sus seres queridos. Ante la ineficacia e indiferencia de los gobiernos para encontrarlos, estos familiares -principalmente las madres- han sido obligadas a formar colectivos para movilizarse con la esperanza de encontrar a sus hijos e hijas.

Estas madres surgieron como un reclamo a la falta de seguridad e investigación de las autoridades. “Yo pensé que iba a encontrar a mi hijo rápido. Creí que los secuestradores me lo iban a dar pero me mintieron. Creí que las autoridades lo iban a encontrar pero no lo han hecho. Entonces fuimos nosotros quienes tuvimos que aprender a organizarnos”, reclama Verónica, una de las madres buscadoras del colectivo “Uniendo Esperanzas” del Estado de México quien busca a su hijo Diego desde el 2015.

ONU Mujeres destaca que la experiencia de las madres buscadoras es insustituible porque han desarrollado habilidades de búsqueda e investigación llenas de afecto y emociones al tratarse de seres amados. No podremos entenderlas, explica Ceci Flores, líder de las Madres Buscadoras de Sonora en entrevista para LatinUS, el dolor y fuerza que sienten, sólo una madre con hijos desaparecidos podría comprenderlo.

Estas madres visibilizan la problemática nacional de desapariciones forzadas, luchan por defender los derechos humanos y exigen justicia. También reclaman la impunidad de las autoridades y generan solidaridad y apoyo entre familias con temas legales, emocionales y de asistencia.

De igual manera, con sus acciones crean una mayor cobertura mediática que puede influir en acciones gubernamentales. Ese es el caso de la propuesta de la senadora Sylvana Beltrones Sánchez para incluirlas en programas de trabajo temporal en la Comisión Nacional de Búsqueda y darles soporte económico, reforzar su seguridad y brindarles herramientas para continuar con su labor.

Las madres demandan la localización de sus seres queridos ante las instituciones que tienen la obligación de hacerlo, pero también en el campo con mucha valentía, usando palas y picos ante la negligencia y la falta de respuesta de las autoridades. 

“El miedo no me paraliza, el amor me ha hecho hacer todo lo que he hecho”, destaca Flores. La madre mexicana agrega que le tiene más miedo a las autoridades que a los cárteles criminales, “porque a los cárteles no les debo nada, ellos me deben, y a las autoridades les debo todo lo que estoy viviendo”.

Estas mujeres son un ejemplo de resiliencia. Tienen un papel importante tratando de impulsar cambios de fondo en nuestros sistemas de búsqueda e investigaciones y haciendo la labor que nadie hace por ellas: encontrar a sus hijos.

Cómo la sociedad puede ayudar en la labor de las madres buscadoras 

Los principales problemas a los que se enfrentan los colectivos de madres buscadoras son la revictimización y violencia con amenazas, las intimidaciones y/o la vigilancia como lo denunció María Isabel Cruz, líder de “Sabuesas Guerreras” a El Sol de Sinaloa.

Numerosos colectivos han denunciado negligencia por parte de las autoridades e incluso han intentado tener reuniones con el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero él no ha mostrado disposición para recibirlas. “Nuestro presidente se hace de oídos sordos”, asegura Ceci Flores, líder de Madres Buscadoras de Sonora en entrevista con LatinUS.

Otros funcionarios públicos como la diputada Ana Lilia Herrera del Partido Revolucionario Institucional (PRI) le ha pedido abiertamente al presidente de México y al jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Martí Batres, no revictimizar a las madres buscadoras.

“La revictimización y desdén desde un puesto de poder, como lo es la Presidencia de la República, arremete, dificulta y entorpece la difícil labor que realizan estas madres, el cual debería ser atendido por el gobierno”, puntualizó la legisladora. Pero además del trabajo que el Gobierno tiene pendiente para apoyarlas, como sociedad podemos ayudar a su labor. 

Apoyar a las madres buscadoras es una forma de contribuir a la justicia y la defensa de los derechos humanos. Como su búsqueda es independiente, obtienen recursos para financiar sus actividades a través de rifas, ventas, eventos y campañas de las que podemos ser partícipes. También reciben donaciones, las cuales comparten en sus redes sociales oficiales, a las que podemos contribuir.

Ayuda mucho difundir información verídica en nuestras redes sociales o de boca en boca sobre su trabajo y sobre lo que exigen del estado. Asimismo es necesario informarse sobre las iniciativas y leyes que estas mujeres están impulsando para proteger los derechos de los familiares de personas desaparecidas. 

Las madres buscadoras son mujeres que han sufrido un gran trauma y constante estrés, por lo que el Estado debería proveerles servicios de apoyo psicológico, asesoría legal para un mejor manejo del dolor y la ansiedad, y herramientas valiosas para avanzar en el sistema judicial con denuncias formales. La visibilización que podemos dar a su labor como sociedad contribuye a ejercer presión sobre las autoridades para que esto suceda.

Apoyar a las madres buscadoras no sólo es un acto de solidaridad, sino una responsabilidad colectiva para enfrentar la crisis de desapariciones en México. El objetivo en común debe ser sumar a más personas en la lucha por la justicia, realizando acciones que mantengan viva la esperanza de construir una sociedad sin impunidad.

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